Cómo elegimos y medimos cada caso
Trabajamos con clientes de sectores muy distintos —bodegas de la Ribera del Duero, ecommerce de moda, turismo rural, retail con tienda física, industria B2B, clínicas, academias o cooperativas castellanas— y cada uno parte de un punto de salida diferente. Por eso, antes de empezar, fijamos la métrica que importa para ese negocio en concreto y la línea base de la que partimos. Sin ese número inicial no hay forma honesta de demostrar una mejora.
- Una métrica de negocio real, no de vanidad. Ticket medio, ocupación, reservas directas, ventas atribuidas a digital o cuentas cerradas: indicadores que el cliente ya vigilaba en su cuenta de resultados, no impresiones sueltas.
- Punto de partida documentado. Medimos de dónde venía cada proyecto para que el porcentaje de mejora sea verificable, no una estimación a posteriori.
- Plazo explícito. Indicamos el horizonte temporal de cada resultado, porque un mismo dato no vale lo mismo en seis meses que en dos años.
- Confidencialidad respetada. Cuando un cliente prefiere no aparecer con su nombre, describimos el sector y el tamaño de la empresa, pero las cifras siempre son las reales del proyecto.
A continuación tienes los casos publicados: cada tarjeta enlaza con el detalle completo de qué hicimos y qué se consiguió.